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El abrazo de Neuquén a Alexandra Sabio

La victoria del amor sobre el abuso de poder

El abrazo de Neuquén a Alexandra Sabio

La victoria del amor sobre el abuso de poder

La victoria del amor sobre el abuso de poder: El abrazo de Neuquén a Alexandra Sabio
Por Ricardo Huarte


Hay victorias que trascienden lo individual y se transforman en hitos para toda una comunidad. El reencuentro de Alexandra Sabio con su hijo, tras un año entero de tortura psicológica, manipulación institucional y despojo, es uno de esos momentos donde la luz finalmente fractura las sombras de la impunidad. Sin embargo, el alivio de ver nuevamente a una madre abrazar a su hijo no debe hacernos olvidar la perversidad del mecanismo que los separó, ni la cobardía de quienes, teniendo la responsabilidad constitucional de proteger, prefirieron mirar para otro lado.
Durante doce largos meses, la sociedad neuquina fue testigo involuntario pero consciente de cómo el poder público puede desarticularse y corromperse para servir a intereses particulares. El conflicto que involucró al funcionario del gobierno provincial de Rolando Figueroa, Cloude Staicos, dejó al desnudo el rostro más vil del nepotismo y la arbitrariedad. Cuando las instituciones del Estado se alinean no para impartir justicia, sino para cobijar los fueros informales del poder político, el ciudadano común queda sumido en la absoluta desprotección.
El caso de Alexandra no fue simplemente una disputa en el fuero de familia; fue una demostración impúdica de cómo la in-justicia local, la in-defensoría del niño y las fuerzas policiales actuaron con celeridad para arrebatar violentamente a un niño de los brazos de su madre, vulnerando sistemáticamente cada tratado y ley de protección de la infancia. Mientras esto sucedía, el gobernador Rolando Figueroa eligió el silencio complaciente, administrando la crisis institucional con una indiferencia que raya en la complicidad. La utilización de los recursos del Estado para disciplinar, amedrentar y avasallar a los sectores más vulnerables es un síntoma alarmante de degradación democrática que no podemos naturalizar.


En este mapa de responsabilidades y omisiones, resulta insoslayable señalar el papel desempeñado por la conducción provincial de ATEN. La actitud de la cúpula gremial, cuyo silencio estruendoso funcionó como un respaldo implícito a la posición oficialista y a la figura de Staicos, deja al descubierto las grietas morales de una dirigencia más preocupada por el abroquelamiento político que por la defensa irrestricta de los derechos humanos de sus representados. En contraste ético y operativo, la seccional ATEN Capital emergió como un bastión de dignidad, acompañando a Alexandra sin ceder un milímetro, demostrando que la verdadera solidaridad gremial no se negocia en los despachos del gobierno.
Pero por encima de las miserias del poder, esta historia pertenece a la entereza de una mujer. Ante el desamparo institucional, Alexandra Sabio encarnó la metáfora exacta de la maternidad convertida en fuerza inexpugnable: la de la roca que soporta el embate incansable de las olas y la fiera que defiende lo más sagrado. Soportar un año de violencia mediática, administrativa y emocional sin claudicar requirió una dimensión de valentía que sobrepasa cualquier cálculo.
Esa lucha solitaria, sin embargo, encontró su eco en las calles y en la conciencia colectiva. El 99% de la ciudadanía neuquina no permaneció como espectadora pasiva. En las sombras, a través de redes comunitarias, con las herramientas más impensadas y salvando los cercos mediáticos de quienes intentaron tapar el sol con las manos, la comunidad adoptó este reclamo como propio. Periodistas y medios independientes que se negaron a ser amedrentados sumaron su voz a una sociedad profundamente empática que sostuvo la resistencia de Alexandra y de su familia en formas inimaginables.
El desenlace de esta contienda deja una lección indeleble para el tejido social de nuestra provincia. Nos recuerda que ningún gobierno, por más holgada que sea su mayoría o por más concentrado que esté su poder, tiene derecho a arrasar con los derechos fundamentales de las mujeres, de las infancias y de la familia. No debemos tolerar jamás que el nepotismo convierta a los niños en rehenes de disputas de poder ni que la justicia sea un traje a la medida del oficialismo de turno.
Hoy Alexandra y su hijo vuelven a estar juntos. El dolor acumulado durante este año de injusticia tardará en sanar, pero la batalla ganada demuestra que cuando la dignidad individual se une con la solidaridad colectiva, ni la estructura estatal más arbitraria resulta invencible. Neuquén abraza hoy a esta madre, no solo para festejar la restitución de un derecho, sino para reafirmar que la verdad y la justicia, aunque postergadas por el poder, siguen siendo valores que esta sociedad está dispuesta a defender hasta las últimas consecuencias. Soy Ricardo Huarte y esto es Sin Fronteras, ustedes saquen sus propias conclusiones.

Fuente: www.fmcosmos.net.ar

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