
Entre el repliegue del poder, las roscas de siempre y la calle que ya no aguanta más
La gran farsa electoral hacia 2027
Asistimos nuevamente al espectáculo lamentable, pero harto previsible, de la clase política argentina acelerando los motores de la especulación de cara a las elecciones ejecutivas de octubre de 2027. Mientras en el territorio la realidad asfixia, las cúpulas partidarias han decidido levantar los campamentos de la gestión para abocarse, con un cinismo que espanta, a la pura y dura rosca electoral.
El panorama de las fuerzas políticas tradicionales muestra un tablero fragmentado y desencajado de la vida diaria de los vecinos.
Por un lado, el oficialismo nacional se repliega sobre su propia figura central. Con Javier Milei erigido como el único y excluyente candidato, la estructura de gobierno parece haber abandonado cualquier pretensión de diversificación o debate interno. Es la apuesta del todo o nada: una hiperconcentración del poder donde la suerte de una nación entera vuelve a quedar subordinada a la suerte de un solo nombre propio.
En la vereda de enfrente, el peronismo desespera. Tras derrotas severas y con un electorado visiblemente desgastado, sus dirigentes han comenzado a multiplicar las reuniones a puertas cerradas, los abrazos de conveniencia y los pactos de mesa chica. No buscan transformar el país ni ofrecer un proyecto superador; buscan, pura y exclusivamente, la alquimia matemática que les permita volver a ser electoralmente competitivos. La política entendida como un sello de goma para recuperar cajas.
En tanto, el PRO atraviesa su propia crisis de identidad. Intenta desesperadamente marcar una cancha de autonomía frente al oficialismo y busca diferenciarse fijando postura contra la validación de reelecciones indefinidas. Una gesticulación republicana que suena tardía y calculada, dirigida a retener a un electorado de clase media que empieza a mirar con desconfianza tanto la subordinación total como los viejos vicios institucionalizados.
Al mismo tiempo, la Unión Cívica Radical arde en una ebullición interna implacable. Se debate ferozmente entre dos almas incompatibles: por un lado, aquellos nostálgicos e intransigentes que exigen el retorno de la Lista 3 completa en cada rincón del país para resguardar la identidad histórica del partido; y por el otro, los pragmáticos que sostienen que la única vía de supervivencia es tejer acuerdos y frentes amplios para constituir una fuerza con capacidad real de disputar el poder. En esa grieta centenaria, la UCR vuelve a paralizarse en discusiones de palacio mientras las urgencias sociales pasan de largo.
Y en este escenario de disputas cupulares, irrumpe la izquierda. Un espacio que experimenta un crecimiento constante a la par del desencanto generalizado. Porque mientras las cúpulas discuten candidaturas, abajo la realidad golpea con una crudeza insoportable: la baja drástica del consumo, los salarios de hambre que no alcanzan para completar la canasta básica y una inflación encubierta que corroe el bolsillo familiar. En ese contexto, la izquierda capitaliza la bronca social y se erige como la voz que cuestiona una justicia adicta al poder de turno y denuncia la falta de una lucha real e intransigente contra la corrupción estructural.
Pero en este desfile de intereses no podían faltar los de siempre: los dirigentes gremialistas. Aquellos caudillos sindicales que, olfateando el cambio de época y el descontento de las bases, corren a sumarse a las distintas vertientes de la oposición. No los mueve la defensa de los trabajadores golpeados por el ajuste; los mueve el pánico a perder los conchabos políticos, las cuotas de poder en los organismos del Estado y las prebendas económicas con las que han financiado sus corporaciones durante décadas.
La política argentina se encierra sobre sí misma hacia 2027, sorda y ciega ante el sufrimiento de la gente de a pie. Pero desde este micrófono no vamos a ser cómplices del silencio ni del maquillaje editorial.
Soy Ricardo Huarte y esto es Sin Fronteras por FM COSMOS 90.1, LA SEÑAL DEL NEUQUÉN.
Fuente: www.fmcosmos.net.ar